El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, mejor conocido como AICM, es una entidad con vida propia que parece diseñada para poner a prueba la paciencia del viajero más experimentado. Entre pasillos que parecen no tener fin, una saturación que desafía las leyes de la física y el eterno dilema de si tu vuelo sale de la Terminal 1 o la Terminal 2, una escala larga puede sentirse como un episodio de un reality show de supervivencia. Sin embargo, con un poco de estrategia y conocimiento local, es posible transformar esas horas muertas en una experiencia casi placentera.
El primer gran obstáculo es la movilidad entre terminales. No permitas que el pánico te invada si te das cuenta de que aterrizaste en la T2 pero tu conexión sale de la T1. Si tienes tu pase de abordar en mano, el Aerotren es tu mejor amigo: es rápido, gratuito y te ofrece una vista elevada de las pistas. Si no tienes pase o el tren está fuera de servicio, los autobuses rojos de la zona de transportación son la alternativa, aunque aquí el tráfico interno del aeropuerto puede ser traicionero. La regla de oro es sencilla: si tienes que cambiar de terminal, hazlo en cuanto bajes del avión; no esperes a que falte una hora para tu próximo vuelo.
Para quienes buscan refugio del caos, las salas VIP son la opción obvia, pero no la única. Si no cuentas con una tarjeta de crédito que te dé acceso, el AICM esconde rincones de paz si sabes dónde buscar. En la Terminal 1, la zona de la planta alta cerca de las áreas de comida suele ser ruidosa, pero si caminas hacia los extremos de las salas de última espera, encontrarás áreas con menos tráfico de gente y mejores conexiones para cargar tu teléfono. Si tu escala es de más de seis horas y el cansancio te vence, los hoteles cápsula ubicados dentro de ambas terminales son una joya tecnológica que te permite dormir un par de horas, bañarte y resetear el cuerpo sin tener que salir del aeropuerto ni lidiar con migración.
Hablemos de comida, porque en el AICM se puede comer muy mal o sorprendentemente bien. Si tu presupuesto es limitado, aléjate de los restaurantes con vista a la pista y busca las opciones de comida rápida en las plantas altas, donde los precios están un poco más estandarizados. Pero si quieres una experiencia real, hay lugares que ya son instituciones, como las tortas y chilaquiles que se sirven en ciertos locales de la Terminal 2 que te harán olvidar que estás en un aeropuerto. Solo recuerda que la altitud de la Ciudad de México y la presión de la cabina no se llevan bien con las comidas excesivamente picantes o pesadas justo antes de despegar.
Finalmente, si tu escala es de más de ocho horas, considera salir. El AICM tiene la ventaja de estar incrustado en la mancha urbana. Un viaje corto en aplicación de transporte te puede llevar a la zona de la Condesa o el Centro Histórico en 30 o 40 minutos (dependiendo del humor del tráfico capitalino). Eso sí, esta es una maniobra para valientes: siempre calcula el tiempo de regreso considerando dos horas de tráfico y dos horas más para pasar los filtros de seguridad, que en horas pico pueden ser una prueba de fe. Sobrevivir al Benito Juárez no se trata de evitar el caos, sino de aprender a navegar en él con un café en la mano y un plan de respaldo en la mente.
